
Su voz da vueltas
en mi cabeza… es una mujer sin rostro, una que no apresura las palabras, que permite
los silencios y escucha. Es madre o amiga, tiene los ojos de alguna persona que
quisimos, es un recuerdo difuso de otras voces que piden más tiempo, el nuestro…
y que dan el suyo a cambio.
No hay nombres,
ni presentaciones, sólo palabras, tal vez algo de llanto e impotencia y una voz
que prevalece, que cuenta, que se desahoga de los gritos que no se dieron a
tiempo, que pide ayuda.
En la era de las
soluciones inmediatas y comunicaciones globalizadas, aún olvidamos cómo
escuchar, no sólo a los demás, sino a nosotros mismos.
Cuando el límite
está cerca de lo irremediable, aún hay tiempo para saber que alguien espera
paciente por nuestra historia, por dar una mano y ayudarnos a comprender que ningún
problema vale lo que nuestra vida.
Fundado en Junio
de 1967, el Centro de Asistencia al Suicida (CAS Buenos Aires) fue la primera
institución argentina en prestar ayuda a personas en situación de crisis con
ideas o fantasías suicidas. Su sistema de servicio telefónico anónimo, atendido
por operadores voluntarios enfrenta a diario una realidad social que no escapa
a ningún género, edad, o status socioeconómico.
Una de sus
voluntarias no cuenta cómo es estar del “otro lado”.
Minutos
Mara* me
conmueve, habla mucho pero sabe contenerse, desde hace diez años es voluntaria
del CAS y conoce historias que no podríamos imaginar y sobre las que guarda
silencio, los detalles no son suyos como para repetirlos.
“Cada llamada es
una problemática distinta, y la tarea del operador puede ser desde obrar como
confidente hasta tener que disuadir a una persona que comenzó el proceso de
suicidio, para que acepte ser asistido”, explica.
Tras un test de
admisión y un curso de capacitación recibía su primera llamada… “mi primer llamado fue una emergencia, tuve
la suerte de que se resolvió bien. Algún tiempo después esa persona llamó para
decir que estaba saliendo adelante…para mi fue muy emotivo”, comenta.
Cuando pregunto hasta qué punto es posible involucrarse(o no hacerlo) responde:
“…¡que tema! Uno siempre se involucra, el punto es poder mantener la
objetividad, porque quien llama no nos
necesita para lamentarnos con el/ella, sino para intentar ordenar sus ideas”.
¿Qué lleva a una
persona a fantasear con la idea del suicidio?
“Los motivos son infinitos e inimaginables-explica-.
Si bien hay temas específicos relacionados con cada época o crisis que hemos
pasado, diría que el común denominador
se encuentra en la falta de comunicación que hay entre las personas. O tal
vez en esa exigencia de ser exitoso en todo, de no mostrar un lado vulnerable
que permita compartir los problemas”. “Es
tan común oír que quien llama no tiene a quien recurrir, en quien confiar…”,
agrega.
“Según lo
escuchado se le puede sugerir la necesidad de hacer una terapia, o bien de
continuarla si ya lo hacen, pero siempre derivando a hospitales u
organizaciones gratuitas o de mínimo arancel.” explica con respecto al proceder
ante cada llamado.
Mucho tiempo ha
pasado desde que vio una convocatoria por voluntarios para el CAS y decidió
convertirse en una de ellos “¿Es lo que
esperabas?”- pregunto- “Es muchísimo
más- dice- Aprendes que no sos omnipotente, que
hay historias vidas y circunstancias que no imaginabas y que a veces, esos
minutos de escucha pueden marcar la diferencia”. “Creces, aprendes (al menos lo intentamos) a
no juzgar, a no dar nada por supuesto sin preguntar primero. Siempre te llevas mucho más de lo que das”.
Pero ¿qué hacer
desde nuestro lugar? ¿Cómo ser de ayuda en estas situaciones?
“Es repetitivo,
pero la clave esta en escuchar; entender que lo que le pasa a esa persona es
doloroso, mas allá de lo que nosotros pensemos de la situación. Y hablar
claramente: preguntar si esta pensando en matarse. No minimizar su dolor, ni caer en el mito de “lo esta diciendo, así que
no lo va a hacer”.
La entrevista
llega a su fin y Mara vuelve a su rutina, de madre, de mujer, de voluntaria…su
mente está llena de recuerdos, de otras historias, lista para recibir ese nuevo
llamado y escuchar, escuchar, escuchar.
*El nombre de la entrevistada fue cambiado en función de
preservar su anonimato
Recuadro: Ayudar a quienes nos ayudan
El Centro de
Asistencia al Suicida recibe anualmente 11.000 llamadas, de las cuales 60%
corresponden a mujeres y el 40% a hombres, entre los 35 y 45 años para cada
sexo. Según sus registros el 74% no pone en riesgo su vida, mientras que el 26%
restante se enfrenta a un riesgo grave.
La institución,
fundada en 1967 y pionera en el uso del sistema telefónico, subsiste gracias al
aporte monetario de sus propios voluntarios, por lo que resulta vital el apoyo
de todos.
Fuente de Información: Centro de Asistencia al Suicida - CAS Buenos Aires
No hay comentarios:
Publicar un comentario